(si me preguntan que siento;
es que todo el mundo secreto es cierto.
Y este libro es muy lindo y eso )
II
Amor
Amor, no me verán de tu brazo, ni bajo los reflectores, movedizo, girando los ojos con la música.
Amor, no me verán rondándote, infatigable, con la esperanza de que abras ojos y cristales.
Ni un día para ti, ni una noche esperando que las gracias de siempre te conmuevan,
Amor, tendrás que aprender mi lenguaje: a veinticinco metros; a veinticinco metros ya se extiende la cinta maravillosa que nadie ve, ondulada y olorosa, al viento. Nuestra correspondencia desde acá; toda la pasión hilada en su carrete. Entonces, a pesar del temblor, podremos pasear fácilmente por reuniones, espectáculos, atravesar calles, edificios, tomados de manos invisibles, conversando en silencio, interpretando gestos apropiados, inconfundibles solo para nosotros.
De ninguna otra manera estaremos más de acuerdo ni seremos más extraños cuando llegue el instante.
Amor, te espero con la rara costumbre de algunos insectos; te espero en la demarcación del bosque, entre las cañas oscuras, allí donde habré dejado una señal de fuertes ondas, que tus sensibles antenas reconocerán de golpe y que tu fuerza ya no podrá eludir.
Momento
Es el tiempo que demoras en cruzar la calle, en llegar de otra esquina, rayada de luces de cabeza, hondo de sombras el cuerpo; es el tiempo que espero traducido el ritmo de las ondas, tu paso, la dirección de tus ojos, el orden del molino; es el tiempo que demoro en averiguar tu nacimiento y partida, quizás entre espumas o entre tallos de concreto, viendo si algo en ti se fija, alguna huella, cualquier signo que te nombre, que sea de los míos y nos permita seguir juntos el camino.
Eterna
Podría yo contar ahora la cantidad de tus trabajos, la valía de tus horas, también el lugar de los encuentros; pero ninguna como tu a la orilla de la mar, viendo pasar los algodones y escuchando silbar el viento por tus finos tubos.
Podría yo hablar de tantos quehaceres del vuelo de tus manos, del ritmo y también, de los paseos, del sol tranquilo, explicar la historia de tu nacimiento en mi palabra: la primera vez los ojos, después los dedos, contactos crecientes que brindabas de improviso, entre la hierba, en escalas, bajo el sombrero; pero debo dejarte más segura en el recuerdo: a la orilla del mar, viendo pasar los algodones y escuchando silbar el viento por sus finos tubos.
Ir
Vamos a verla. En esta tarde de bloques sobre el cielo. Nada ocupa nuestras manos. Estamos cansados de preguntas.
Sin apuro, en hora intermedia, solucionado el ultimo problema, callado el motor, guardado el viento, limpios de vestigios y alarmas, con ojos claros, a un ritmo que no puede ser captado por las finas pantallas, rumbo a la senda oscura, entre flores secas, abriendo la puerta y trepando, en fila, en misión, dejando justo espacio entre nosotros, hasta alcanzar la sala abierta a los rayos. Y allí esperar diez segundos, como quien no espera nada, a aque ella nos interrumpa con sus gritos de asombro y alegría.
Objeto
Tengo mil canciones para tu deleite. Palabras y palabras aprendidas en las hojas sueltas. Puedo ser dulce para ti, sin objeto, y repetir eternamente el canto. Desecho tales armas y en cambio muestro las únicas que empleo: una cierta distancia y perfectas barras frías; tras su fondo se agitan banderas suaves. Casi no hablo; recito al ritmo de las maquinas. Debo pulir la nostalgia, colocar su volumen sobre el mar. No puedo volar si no es sobre un objeto solido. He aquí un ramo de plantas: pequeñas y grandes hojas verdes.
¡Afuera los colores y sus lágrimas, los largos tallos retorcidos y enfermos! Aquí te digo con palabras claras, con cubos negros, que te deseo. Después podremos seguir hablando con este silencio blanco.
Creación
Tu me dirás un día si esta bien así, que yo siga, a mi modo, que sepa de ti mas que el resto que te nombra.
Yo no salto, tu sabes, no me deslizo bajo el sol ni entre los colores te pregunto; me conformo con atar el ultimo movimiento de tu cintas.
Tengo aquí, en los alambres, el eco traducido de tu voz y la altura inquieta de tus manos. Conozco tu próximo destino y puedo levantar tu huella un segundo antes que se esfume.
Yo recepciono las ondas, vigilo cada acorde, te distingo. Voy conformando aquí, sobre la mesa, los ingredientes de tu volumen y, sin saberlo, tu cooperas, casi ordenar que otros te custodien, te reflejen, y das aviso de tus actos, decisiones, y te pones suave cuando te exhibes y trabajas para que esta figura cada día se te parezca más.
Formas
Siempre divididos: Allá tus pasos, reflejándose en distintos materiales, protegidos de la luna, de la tierra, esperando un hecho imprevisto: la visita del sol.
Es difícil, en esta forma, atacarte, derribar limites y saber que todo lo puede traspasar la unión de dos sonrisas.
Por eso no me muevo, y pienso y busco otra manera, algo furtivo, un rayo que pueda atravesar sin peligro los cristales, posarse en ti, recorrer tu cuerpo y hablarle al oído en un idioma justo y extraño.
Amores
Ni penas ni francas alegrías. Alejemos los caballos, los azules, y presentemos nos de nuevo. Aquí no valen armaduras ni colas de vestidos. Encontremos nos, cual suaves investigadores, en la tarde, arriba, contra el cielo, callados y justos, alejados de la aurora, casi negros, y digamos de nuevo lo exacto del momento: como nos queremos. En fila. El comienzo. Y nada de suspiros, ningún eco, solo la presencia de texturas, el largo escaparte de los cuerpos y la ciencia ultima de vuestro servicio, como siempre, pero libre, con todos los colores del avance, perspectivas, soluciones. Y otra vez la decisión en nuestras manos.
Mudos
Y sabiéndolo todo, y estando de acuerdo en tantos signos y colores, aún dudamos; nunca sabremos descifrar estas mudas palabras:
Allá, en tu esfera, entre nubes, esperando, y yo tendido, enredados mis dedos sobre esta maquina brillante, y en medio el aire, el viento grueso que en cualquier momento pasa invisible llevándose las hojas y los pájaros.
Igual
Salir a encontrar por las extensas planicies no es distinto a buscarte entre los cubos de concreto. Buscarte, con amplio horizonte, distinguir tu punto traído por el viento, iluminada ya la cabeza por el sol a tus espaldas, negro el semblante para no develar los motivos de la cita, no es más difícil que hallarte después de alzar mil cajas y de apartar colores y utensilios.
Así me paseo por distintas latitudes, así te acecho cada día, otra vez de noche, a plena ráfaga, o parapetado tras el muro, la ventana, porque nada cambiara cuando llegues enarbolando el signo.
Muy dulce
Y no sera ocupado todo el amor que tengo. Evitaremos los grandes acordes. Sobre el campo puro dejare pasar una linea de color vivo con sus bordes apenas desflecados. No podrás seguir caminando, por todo lo que he visto, sin reparar el trazo, en ese golpe sobre el cielo, allí puesto para distraer tus ojos, para acercarlos curiosos al naranja que flota y que ya vive como el primer descubrimiento del espacio.
Pero tu también conoces esta magia: llevar al campo, donde se te pudo esperar un siglo, la marca rectilínea, la esencia de tantas huellas, la acumulación de visiones que el viento siempre ha barridos en el mejor instante; y tu vienes a mi encuentro deshaciendo, con la preciosa mano, lo único cierto: mi juego de amor.
Silencio
Sin llamarte, sin grito claro viniste a mi. Haciendo coincidir los ojos me dejaste ver el paisaje que buscaba: indudable asombro y plenitud en esa hora, junto al lago y al boscaje: cambiante iris, pelo rojo.
Sin llamarte fue este encuentro e igual fue tu huida, sin un grito, una palabra; era mañana o noche cuando empezó el regreso y alzando un dedo borraste los dibujos y las decisiones violentas de tu pelo.
Imagen
A veces, en un segundo, cuando vuelven los paisajes al espejo, algo de ella se dibuja, se mueve y habla, y es una gran dicha reencontrarla en trozos, completar el resto de los años.