Pero no eres como tocar contrabajo

I
Eres la desquiciada enfermedad
que llena de notas mi dolor.
Frustradas ansias de amarte
en la luz de la voz aguda
lejos de la grave sombra.

II
Te deseo;
te deseo en mis ojos trémulos
te deseo en mi mundo desnudo
te deseo en mis manos perplejas

III
Pero no eres como tocar contrabajo
tus ojos van lejos
al ritmo de otro compás
al ritmo de otra primavera
y mis manos gruesas por la fricción
no hacen más que leer símbolos
mientras tus manos crean símbolos
cantando tu imaginario personal.

IV
Y tus lejanos labios
alimentan la locura con la que se odia el instrumento.
Y tus lejanos ojos
alimentan la locura con la que se piensa la música
Y tus lejana sangre
es el vino que alimenta todo acto de mala fe.