Todo partió en el momento que desperté de golpe, el techo celeste y el aire pesado. Me dolía la cara, más bien, la tenia dormida. La toque pero no sentí nada. Me paré de golpe y camine firme al baño, me dolían las piernas y los brazos, como si un camión me haya pasado encima. Me vi en el espejo, me vi ensangrentada, parecía película de Quentin Tarantino. Abro la boca y tengo los labios rotos, una paleta negra y totalmente hacia atrás. Mis gordos labios salvaron al pobre diente. ¿Qué haré? Cómo le digo a mi mamá que casi me muero en Arequipa, ni siquiera en Machu picchu.
Chicos despierten despierten ¿¿Que me pasó??
Todo lo siguiente fue muy confuso y muy feo. No tenia mis lentes, soy un topo. Teníamos que dejar el hostal.Yo no pude comer esos pancitos tan ricos que preparaban los chicos, panes peruanos con tomate, queso crema y aceitunas. Salimos con las cosas, yo mejor no hablaba. Nos vamos a la plaza y nos sentamos. Me como un helado de queso, es lo único que como en todo el día. Por fin solo quedaba esperar la noche para irnos.
Los chicos me cuentan que me caí borracha, no me parece raro, mi ultimo recuerdo cambiándome de ropa después de jugar a las cartas tomando pisco peruano con jugo Gloria. En esa ocasión yo estaba vestida con mis clásicos tshort vintage y una polerita burdeo. Pablo Jara me aconseja probarme la ropa de la Pia porque es más coqueta. Además, el objetivo era irse la ultima noche habiéndose comido a toda la disco. Hasta ese punto en el viaje ya había besado a un puertorriqueño igualito a un ex (el clásico que siempre amaras pero no); un koreano muy k-popero, como para ser la envidia de tus alumnas otakus; un chilenito, para robarle la marihuana jaja; otros que no me acuerdo. Enamoré a varios peruanos en el camino, el primero en una discoteca peruana, me contaba que estaba estudiando técnico y que si me quedaba con él en peru, yo no tenia que trabajar, sólo tenia que ser su esposa. El segundo y más importante era Alex.
Recuerdo esa noche en Cusco, estábamos en el chango. Yo después de besar a varios extranjeros y robar marihuana, comencé a buscar a mi grupo, sali del club y los vi a lo lejos en una escalera junto a un peruano de buso. Fui para alla pero no miraba al peruano a los ojos. Le conté a Oñate la hazaña. Alex miro, y pregunto por mi. Yo no pesque, en un comienzo hasta pensé que no le simpatizaba. Alex se ofreció para hacernos la mano. Fuimos a un callejon donde una señora le vendia la droga. Ella le advirtio de no andar con nosotros, mientras le entregaba la Marihuana y una bolsa blanca. Una bolsa de "quesitos". El nombre me causaba ternura a pesar de saber que eso era Pasta Base. Alex nos miraba y nos ofrecía quesito, ps quel quesito tamuy bueno, yo antes fumaba de eso que fuman ustedes pero no es tan bueno como el quesito. Alex nos pedía tabaco para hacerse un cigarro de pasta, los mezclaba un poco, para la consistencia, y lo quemaba sólo con fósforos. Estábamos en la plaza y comenzó a declararme su amor inconsidional, que si usted mamita es mi novia mis amigos no me van a creer, de que ande con una mujer tan bella cono usted mamita de verdad cual es su sueño y porque esta acá, mamita yo ya llevo a subir Machu picchu hasta que se aburra ps podemos ir a comer unas pizzas de quinua en oyantaitambo, justo estoy buscando una pareja para este catorce y usted es la mamita más linda que he visto me gusta asi con su chasquillita sus lentes su todo. En eso, entre que le preguntábamos su empleo y edad (tenia 27 y trabajaba conduciendo los trenes de los turistas que van hacia machu picchu, esos trenes llenos de koreanos) perdió sus fósforos. Fue un momento muy fuerte de tensión, pensé que nos mataría a todos si no encontraba sus fósforos, pero no fue así, los pillo y nos compro cervezas. ¿Por qué la historia con Alex es tan importante? Porque yo igual esperance alpobre, me prometio llevarme a Machu picchu como su mamita, yo sólo tenia que llegar en colectivo a oyantaytambo, ahi nos encontrariamos con su tren y nos haría pasar con tarifa peruana, cualquier cosa, estaba la noviecita de Alex y a él todos lo conocían. Había que tomar el taxi a las 10 de la mañana, y eran las 6 de la madrugada, significaba no dormir. A mi me parecía una oportunidad increíble, además que comería pizza de quinua. Nos despedimos con un beso en la mejilla, senti su nostalgia de cuando sabes que algo no pasara. Yo lo mire a los ojos y no le dije nada. Ese fue el adios. Claramente no madrugamos y no fuimos. Hasta ahí, habíamos abandonado las esperanzas de ir a Machu picchu, todo malia sal y etc. La siguiente noche recorría las discos de Cuzco a ver si encontraba a mi Arequipeño perdido en la capital inca y en la pasta, pero no lo vi más. Cuando desperté con la cara rota, pensé que era el resultado de jugarle un mal amor a un brujo.
Aún creo en esa maldición. La cosa es que esa noche, la ultima en Arequipa, romperíamos la discoteca. No fue así, solo rompí mi boca pecadora. Los chicos me contaban que se había caído el carnet (yo no recuerdo haberlo echado para ir a bailar) y que los colombianos de la barra de los Millonarios, que se dedicaban a estafar gente para conseguir dinero y pasta, siguiendo a su equipo. Ellos no querían devolver el carnet, osea, hasta me pude haber quedado en peru para siempre o por mucho más tiempo. Pero lo devolvieron, total, yo ya estaba completamente desangrada. En la plaza de Arequipa habia un chocolatero hermoso, con un tono de voz suave y dulce, como sus chocolatitos. Me daba vergüenza que me viera con esa boca destrozada, de cierta forma, el fue como el angelito que nos decía que todo siempre estaría bien, que podríamos ir a Machupicchu pero que no era tan bello como Arequipa. De agradecimiento le cante una canción;
Aún creo en esa maldición. La cosa es que esa noche, la ultima en Arequipa, romperíamos la discoteca. No fue así, solo rompí mi boca pecadora. Los chicos me contaban que se había caído el carnet (yo no recuerdo haberlo echado para ir a bailar) y que los colombianos de la barra de los Millonarios, que se dedicaban a estafar gente para conseguir dinero y pasta, siguiendo a su equipo. Ellos no querían devolver el carnet, osea, hasta me pude haber quedado en peru para siempre o por mucho más tiempo. Pero lo devolvieron, total, yo ya estaba completamente desangrada. En la plaza de Arequipa habia un chocolatero hermoso, con un tono de voz suave y dulce, como sus chocolatitos. Me daba vergüenza que me viera con esa boca destrozada, de cierta forma, el fue como el angelito que nos decía que todo siempre estaría bien, que podríamos ir a Machupicchu pero que no era tan bello como Arequipa. De agradecimiento le cante una canción;
En Arequipa yo tuve un amor
hoy no lo puedo encontrar
quizás en esta plaza
esperándome estará
Es un lindo morenito
ojos color verde mar
me dio un beso y se fue,
no volvió más.
Ahora dime por donde estara
que me da mucha tristeza
alumbrando tus faroles
esperando que amanezca
Arequipa duerme duerme
pero duerme con un niño
Despierta Arequipa me diras:
aquí tienes mi cariño