Señora

Estoy cansada
de tantos años juntando penas
y paisajes incompletos
-los más incrédulos dirán
que es solo una fiebre adolescente-
pero qué adolescencia me dices?
a mi edad, ya se es una señora.

Hay días en que amanezco enferma
de un mal de amor terrible
con el pecho apretado
recordando todo,
en especial lo que no pasó,
contando con los dedos las veces
en que sentí que el cielo cambio de color
y que me conformaba con verte pasar
y que me conformaba con que estés vivo.

Ese el minuto más difícil;
la remembranza de los sentidos
que me nublan gravemente
y mis ojos ven todo distinto.
Me mareo al borde el vomito,
apoyándome en la muralla para no chocar
porque se me cruzan los muebles.
El sector bajo mis ojos
se hincha y siente cosquillas
y no sé que hablar con nadie
porque ya no estoy ahí
-porque ya no soy yo-
y vuelve la fragilidad de mi pecho
junto a todas las veces que he fallado
junto a todas las veces que he amado.

Absurdamente busco
en los cajones de internet
algún desperdicio tuyo;
un video, una canción, algo que te gusta,
una foto antigua, algún amorío nuevo,
busco de todo
de todo menos tu presente.
Escarbo y escarbo
incansable
y me siento rara.
Es como armarse un tabaco 
luego de pasar 5 años sin fumar
con ese temblor característico del adicto
con ese temblor característico del miedo.

Estoy cansada
de tantos años juntando penas
y paisajes incompletos
-los más incrédulos dirán
que es solo una fiebre adolescente-
pero qué adolescencia me dices?
a mi edad, ya se es una señora.