Pasan los años y pareciese que somos personas muy distintas, y nos miramos y nos sorprende seguir siendo nosotros mismos. Es acaso, el baño, el lugar más importante de la casa? Es ese espejo, el que nos traspasa cada mañana, la imagen desnuda de nuestro ser? No solo lavamos nuestras caras como un rito cotidiano, nos miramos un rato, nos contemplamos por completo: esa de ahí soy yo, esas son mis tetas caídas. La espalda me duele más que ayer y menos que mañana. Ese rollito jamás se ira, cierto? Quizás debería hacer dieta y deporte, ya sabes, ser bonita. Pero con qué tiempo, me digo. De todas formas ya te acostumbras a la soledad, a ti mismo. Incluso parece una estupidez todo lo que la sociedad te grita en la cara. Y recuerdo mi voz de pendeja, que habla cosas que no entiende. No te has saco los bigotes Ana, y las cejas están cada vez más desordenadas. Me gustaría amanecer con el pelo largo para trenzarlo. Antes, por el contrario, fantaseaba un cabello corto. No sera que mi bondad es muy poca? se ve pequeña, así como la maldad ha crecido. Pienso un poco, miro el interior de mis ojos. Parece que estuviese nublado ahí dentro. A veces creo que irradio colores. Me gusta mirarme cuando sale verde de mi espalda, o rosado claro. Cuando es rosado me siento más tranquila, y no me miro lo malo, sino que lo bueno. Y así, siempre lejos de la concepción real de lo realista mente irreal.
Y lo que es genial es mirarse en el espejo del baño, porque el baño es el reflejo de toda tu casa, el resumen de tu realidad diaria. Me recuerda que soy pobre, pero que eso da igual, mientras me pueda sentar a cagar, cepillarme los dientes y darme una ducha en la mañana.